Actividades

Actividades animación pastoral curso 20-21

 

Nuestro compromiso por la salvaguarda de la Creación Como sabéis, el planeta, nuestra casa común, está en una situación muy grave. Los seres humanos llevamos demasiado tiempo maltratándolo. En el libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, Dios dice al hombre y la mujer: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla”.

Una interpretación equivocada de este mandato hizo creer a las personas que podían hacer lo que quisieran con la tierra, porque podía darnos todos sus dones sin límite. Sin embargo, cuando Dios creador entregó al ser humano el mundo, le pidió que lo cuidara y que recreara lo que le había sido dado.

Cuidar la casa común es una obligación porque de este cuidado depende su supervivencia, la supervivencia de los seres vivos y nuestra propia supervivencia.

Podemos ver esto en el siguiente texto de la encíclica: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.

Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm. 8, 22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn. 2, 7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (LS, 2). Todo lo que nos rodea y nos permite vivir: el aire, el sol, el agua, las plantas, los animales... tienen en sí mismos valor, todos nos hablan de Dios, son una caricia de Dios. Nada de lo que podemos ver en la Creación sobra.

Por eso es tan importante cuidar de cada ser y por supuesto de cada persona como a preciosos tesoros, que no podemos maltratar, ignorar o descartar. Muchas veces vemos anuncios o escuchamos a alguien que nos hacen pensar que no hace falta cuidar el mundo que nos rodea ni a las personas; que las cosas son de usar y tirar y los demás, también.

Eso es lo que el Papa llama vivir una cultura del descarte en vez de una cultura del cuidado. Y eso se ve más claro todavía en nuestra relación con los más empobrecidos, con los excluidos. Ellos son los que más sufren las consecuencias de la destrucción de la tierra. Los desastres, las inundaciones, la pérdida de biodiversidad, las sequías, el cambio climático, afectan a las poblaciones más débiles y desprotegidas mucho más que a las demás.

La humanidad necesita una profunda renovación cultural; necesita redescubrir esos valores que constituyen el fundamento sólido sobre el cual construir un futuro mejor para todos. Las situaciones de crisis por las que está actualmente atravesando, ya sean de carácter económico, alimentario, ambiental o social, son también, en el fondo, crisis morales relacionadas entre sí.

Y todos somos responsables del cuidado del planeta, aunque nuestra obligación es mayor. Tenemos más recursos y muchas veces nuestra abundancia se mantiene sobre su pobreza. Pero no está todo perdido. Aún podemos cambiar las cosas, como dice el Papa: “el ser humano todavía, es capaz de intervenir positivamente. Como ha sido creado para amar, en medio de sus límites brotan inevitablemente gestos de generosidad, solidaridad y cuidado” (LS, 58).

Como hemos aprendido que nuestro comportamiento consumista es insostenible y destructivo, y que millones de personas sufren sin poder vivir según su dignidad humana por ello, queremos aprender a hacer las cosas de manera diferente.

Queremos dirigir nuestra imaginación, creatividad y nuestras capacidades para hacer esas cosas nuevas. La ciencia, la tecnología, la economía, pueden orientarse hacia la construcción de un mundo más fraterno, “de un progreso más sano, más humano, más social, más integral” (LS, 112).

¡Cuantas más personas nos sumemos, más fácil será conseguirlo!

 

2º reto pastoral “CUÍDALO”

“TRAE TU TRAPO Y REDUCE EL USO DE PAPEL”

Durante el primer trimestre ya comenzamos estos pequeños gestos, pequeños retos, que nos comprometen con la actividad pastoral de nuestro centro. Retos que implican directamente nuestra opción por cuidar la casa común.

En el segundo trimestre nos centraremos en reducir el uso del papel. A diario, el alumnado desde 1º de primaria hasta 2º de Bachillerato, utiliza papel para desinfectar su mesa y su silla. Es necesario desinfectar a diario y ser responsables con la situación sanitaria actual, pero también muy importante es pensar la tala de árboles y deforestación que el planeta está sufriendo. Es por ello por lo que el Equipo de Animación Pastoral plantea que cada estudiante pueda traer su propio trapo y así contribuir a reducir el uso del papel.

El alumnado de 1º Bach, desde la asignatura de Cultura científica, han contribuido a este compromiso con su implicación en la realización de un vídeo que ya toda la Comunidad Educativa conoce.

Son muchas las familias que se han interesado por llevar a cabo este 2º reto Pastoral, comprometido con cuidar la casa común, comprometido con el valor institucional de este curso, comprometido con la vida y salvaguarda de la creación.

Gracias a los miembros del Equipo de Animación Pastoral, al compromiso de las familias y a la implicación del profesorado, podremos hacer posible el objetivo de transmitir a nuestros queridos alumnos/as un proyecto educativo vivo, comprometido y justo. ¡Cuídate, cuídalo y cuídale!